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Funcas alerta de que subir a 1.000 euros el SMI dañará el empleo si no es gradual.

La Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) considera que la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) a 900 euros mensuales aplicada este año es “desmesurada o, como mínimo, arriesgada” por el impacto negativo que puede tener sobre los jóvenes y sobre las comunidades autónomas que presentan mayores tasas de desempleo, según recoge La Vanguardia en una información.

En un artículo elaborado por el profesor del IE Business School Daniel Fernández Kranz y recogido en la última publicación de los Cuadernos de Información Económica de Funcas, Fernández Kranz reconoce que los efectos sobre el empleo de la subida del SMI no son unánimes, pero sí advierte de que existe evidencia de que aumentos excesivos del mismo “pueden afectar negativamente el empleo de aquellos grupos a los que se pretende ayudar”, como los jóvenes.

Con la subida del SMI a 900 euros mensuales, España ha pasado a ser el quinto país con mayor salario mínimo, alcanzando una tasa de cobertura (porcentaje de trabajadores que cobran un salario equivalente o inferior al valor del SMI) de entre el 7,6% y el 8,9% de la fuerza laboral. No obstante, para grupos más desfavorecidos, como los jóvenes menores de 24 años, la tasa de cobertura ronda el 30%.

Según este artículo, las comunidades autónomas con mayor tasa de desempleo son las que más incrementarían la cobertura si el SMI subiera a 1.000 euros mensuales en 2020, pero esta medida tendría efectos “muy reducidos” en comunidades con menos paro y donde las tasas de cobertura ya son de por sí bajas.

“Estas diferencias regionales apuntan a una preocupación: un aumento excesivo del SMI podría desplazar del mercado laboral a grupos de la fuerza laboral que ya se encuentran en alto riesgo de exclusión”, apunta el profesor Fernández Kranz.

Aunque el “desacoplamiento” de los salarios con la productividad justificaría en parte un aumento del SMI, en el artículo no se respalda el argumento de que contribuiría a reducir la pobreza y la desigualdad salarial.

Así, aunque se defiende que la subida del salario mínimo puede beneficiar a trabajadores con bajos salarios, asegura que ello no ayudaría necesariamente a las familias con bajo nivel de renta. En España, argumenta Fernández Kranz, sólo un 10% de la población por debajo del umbral de la pobreza son trabajadores que cobran el SMI.

“En España muchos trabajadores son pobres porque tienen contratos precarios, con frecuentes interrupciones involuntarias del empleo y con contratos a tiempo parcial. A estos trabajadores el SMI no les afecta directamente”, expone.

El autor da otros dos argumentos para asegurar que existe una correlación “muy débil” entre salario mínimo y pobreza: la mayoría de las familias pobres no tienen a ningún miembro trabajando, por lo que la subida del SMI no les afectaría, y muchos trabajadores con bajos salarios, especialmente los más jóvenes, no son miembros de familias pobres.

Por todo lo anterior, en el artículo se apuesta por plantear subidas más graduales del salario mínimo, a fin de que pueda estudiarse su impacto sobre el empleo de los grupos afectados. Al mismo tiempo ve aconsejable que se establezcan diferencias en el nivel del SMI entre grupos de trabajadores, a semejanza de lo que se hace en Alemania, donde la cuantía del salario mínimo es inferior para jóvenes con poca experiencia laboral.

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