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El sector TIC concentra la mayor parte del gasto empresarial en I+D en la OCDE.

Las economías de la OCDE ya están aprovechando las oportunidades que ofrece la transformación digital, prestando especial atención a sus repercusiones sobre las políticas públicas e integrando la digitalización en diferentes ámbitos de gobierno. No obstante, la coordinación de las estrategias digitales sigue siendo un importante reto. Solo algunos países disponen de una entidad especializada para coordinar y monitorizar las estrategias digitales nacionales.

Esta es una de las principales conclusiones de un reciente informe que publica la OCDE sobre la situación de la economía digital en sus países miembros.

Aunque a nivel general, el valor agregado del sector de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha disminuido en los países de la OCDE desde la reciente crisis económica, en el caso de los servicios de tecnologías de la información y la comunicación se observa un aumento y se ha mantenido constante en los programas informáticos.

Las tecnologías de la información y la comunicación siguen impulsando la innovación. En los países de la OCDE, el sector de las TIC concentra el mayor porcentaje de gasto realizado en I+D por las empresas y más de la tercera parte de las solicitudes de patentes en todo el mundo.

La inversión en infraestructuras de TIC se ha incrementado y los precios de la banda ancha fija y móvil han disminuido, creciendo a la vez de manera exponencial el uso de datos. Cada vez son más las personas que tienen acceso a las TIC, pero persisten las desigualdades entre países y grupos sociales. No obstante, los gobiernos están aumentando sus esfuerzos en formación y educación para ampliar el despliegue del entorno digital.

Por otro lado, la seguridad y la privacidad son los principales obstáculos para el uso de internet percibidos por los usuarios. Todavía existe desconfianza entre los consumidores y usuarios, a pesar de las oportunidades comerciales y de negocio del comercio electrónico.

A nivel empresarial, las pymes están avanzando menos que las de mayores dimensiones en el uso avanzado de las TIC. La computación en la nube y el análisis de datos masivos (“Big data”) está aumentando de forma muy progresiva, mientras la utilización de robots en la producción es cada vez mayor, aunque aún concentrada en pocos países.

El informe de la OCDE señala también que la innovación impulsada por las TIC y la digitalización han favorecido la aparición de nuevos modelos de negocio y aplicaciones en áreas muy diversas, desde la ciencia y el gobierno hasta la gestión de las ciudades y la salud.

Las políticas de apoyo a la innovación digital se centran en potenciar las redes y ecosistemas de innovación, el acceso a recursos financieros y la reutilización de datos; sin embargo, prestan menos atención a las inversiones en TIC, al capital basado en conocimiento y a la analítica de datos.

En cuanto a la incidencia sobre el empleo del desarrollo de las TIC y la digitalización, la OCDE constata que se dan al mismo tiempo procesos de destrucción y creación de empleos que afectan a distintos sectores, así como el surgimiento de nuevas formas de trabajo y transformaciones en el ámbito comercial que están dando lugar a la revisión de los marcos regulatorios.

El personal dedicado a las TIC es el segundo puesto de trabajo que mayores dificultades presenta para su cobertura entre los empleadores de los países de la OCDE. Además, las competencias tecnológicas básicas de los trabajadores para manejar las TIC en sus tareas profesionales cotidianas resultan en muchos casos insuficientes, al igual que ocurre con otras capacidades fundamentales que facilitan la adaptación a los cambios tecnológicos en los empleos, como pueden ser la resolución de problemas y la comunicación.

Conforme aumenta el uso de estas nuevas tecnologías aumentan también los riesgos, en especial para las empresas. Las pymes, al ser las más expuestas, deben disponer de estrategias adecuadas para gestionar dichos riesgos sin renunciar a las posibilidades del mundo digital.

Muchos países han diseñado estrategias de seguridad digital y medidas para aumentar la protección y la confianza del consumidor de comercio electrónico. Sin embargo, apenas se han comenzado a resolver los problemas derivados de los mercados de plataformas digitales.

La inteligencia artificial se ha convertido en una de las principales áreas de desarrollo de las TIC, gracias a los avances en aprendizaje de máquinas, análisis de datos masivos, computación en la nube y programación de algoritmos para su aplicación a la ejecución de tareas humanas cada vez más complejas.

La inteligencia artificial promete grandes avances y ventajas en eficiencia y productividad, pero también plantea cuestiones éticas aún por resolver, por ejemplo, respecto a sus potenciales efectos sobre el futuro del trabajo y las cualificaciones o sus implicaciones en aspectos como la responsabilidad o la seguridad.

Otra de las nuevas tecnologías en fase de expansión es la cadena de bloques o “Blockchain”. Sus aplicaciones pueden crear numerosas oportunidades en muchas áreas, desde el sector financiero hasta el sector público, la educación o la internet de las cosas.

La tecnología Blockchain permite reducir costes de transacción mediante la aplicación de contratos inteligentes (“smart contracts”), pero su expansión aún depende de la superación de obstáculos técnicos y regulatorios para garantizar el cumplimiento de los requerimientos legales en un entorno caracterizado por la ausencia de intermediaros de cualquier tipo, así como para imputar responsabilidades en los casos de distorsiones provocadas por los sistemas basados en Blockchain.

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